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La Legendaria Sor Juana: Acusación ante la inquisición

Por: Coralia de Rodríguez

Primera Parte

Es difícil pensar en un antigüeño que en sus años mozos no haya oído hablar de Sor Juana, aquella monja de belleza sin par que con sus encantos había cautivado a todos los miembros de la sociedad colonial del siglo XVII. Se decía que hasta el obispo se recreaba con su bella voz; era una Calíope, la musa que alimentó la fantasía de tantos autores e historiadores que se han ocupado de ella a través de los siglos. Seguramente, uno de ellos fue el antigüeño Máximo Soto Hall, nacido en la Ciudad de las Rosas en 1871. Político y escritor de renombre, publicó varias novelas entre las que se encuentra “La divina reclusa”, donde convierte a esta religiosa en el personaje central de la trama. En su libro la religiosa vive una vida mundana y relajada; contribuyendo con sus fantasías a la leyenda negra que la ha rodeado por más de tres siglos.

Su nombre de pila era Juana Maldonado y nació en España. Su familia vivía en la isla de La Palma en las Canarias, donde su padre, Joan Maldonado de Paz, ocupaba el puesto de Juez Oficial de Registros de Navegación y Comercio; su trabajo consistía en revisar los barcos que salían o regresaban de Indias para evitar el contrabando. Fue allí donde un buen día, el Lic. Maldonado recibió un nombramiento del Rey para ocupar el puesto de Fiscal de la Audiencia de Guatemala en el que le solicitaba salir con premura. Poco tiempo después se embarcó, llevando consigo a su nueva esposa y a seis de los hijos de su primer matrimonio, llegando a nuestro país en1609.

La Concepción

Convento de La Concepción, lugar donde estuvo Sor Juana

No pasó mucho tiempo para que la familia se viera envuelta en el primero de los escándalos que desde entonces han rodeado injustamente la reputación de la monja: la familia Maldonado fue acusada ante la Inquisición. Uno de los pintores más célebres de la ciudad, Francisco Montúfar Bravo de Lagunas, los había utilizado como modelos para pintar uno de los cuadros más venerados de la ciudad; Sn. Juan Bautista tenía el mismo rostro que su padre, su primo Pedro Pardo había posado para Sn. Sebastián y la joven Juana se había convertido en Sta. Lucía de Siracusa; todos se encontraban a los pies de la Virgen. El denunciante ponía en tela de juicio la moralidad de los Maldonado, asegurando que esta doncella era hija natural del Fiscal y que por ello los miembros de la familia no deberían haber sido representados como santos.

Parece ser que la acusación era en realidad una represalia del Comisario del Santo Oficio, Felipe Ruiz del Corral, quien tiempo atrás había sido apresado por el Fiscal y había sido acusado por abuso de autoridad. Aparentemente, él había utilizado al Dr. Rodrigo de Villegas, Canónigo de la Catedral de Santiago, para presentar la denuncia y causar problemas al Lic. Maldonado de Paz. El acusado se defendió escribiendo una carta al Santo Oficio de México en la que se quejaba de los abusos y la conducta del Comisario, solicitando su remoción del cargo y pidiendo que nombrara a otro funcionario en su lugar.

Afortunadamente, la familia salió bien librada y el Tribunal de la Inquisición amonestó a Ruiz del Corral pidiéndole que procurara tener una buena relación con los oficiales de la Corona.

Desgraciadamente, se desconoce el paradero de la pintura que causó tanto revuelo en la antigua ciudad de Santiago, aunque existen varios autores que aseguran haberla encontrado sin que hayan sido capaces de comprobarlo fehacientemente.

 

Bibliografía:

Ernesto Chinchilla Aguilar, Sor Juana de Maldonado y Paz: pruebas documentales de su existencia, Hispanoamérica, México, 1949.

Máximo Soto Hall, La divina reclusa, Tipografía Nacional de Guatemala, Guatemala, 2003.

 

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